25 mayo, 2024

“No apartes tu rostro del pobre”: Carta de Monseñor Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas, para el 33° domingo durante el año, 19 de Noviembre

Este domingo, además de acudir a las urnas para votar, como cristianos elevamos nuestra oración por la
Patria. Pedimos a Dios para que por la prudencia de los gobernantes y la honestidad de los ciudadanos se
afiancen la justicia y la paz.
Luego del Jubileo extraordinario de la Misericordia, el Papa Francisco propuso como signo concreto de esa experiencia de gracia, celebrar en toda la Iglesia, en este domingo, la Jornada mundial de los pobres. Es una Jornada que debe ayudarnos a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y a entender esta opción preferencial como una genuina forma de nueva evangelización, con la que se renueva el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia.
El lema de este año es «No apartes tu rostro del pobre» (Tb 4,7) El Papa en su mensaje nos dice: «Esta
Palabra nos ayuda a captar la esencia de nuestro testimonio. […] Vivimos un momento histórico que no
favorece la atención hacia los más pobres. La llamada al bienestar sube cada vez más de volumen, mientras las voces del que vive en la pobreza se silencian. Se tiende a descuidar todo aquello que no forma parte de los modelos de vida destinados sobre todo a las generaciones más jóvenes, que son las más frágiles frente al cambio cultural en curso. Lo que es desagradable y provoca sufrimiento se pone entre paréntesis, mientras que las cualidades físicas se exaltan, como si fueran la principal meta a alcanzar. La realidad virtual se apodera de la vida real y los dos mundos se confunden cada vez más fácilmente. Los pobres se vuelven imágenes que pueden conmover por algunos instantes, pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación. La prisa, cotidiana compañera de la vida, impide detenerse, socorrer y hacerse cargo de los demás. […] Agradecemos al Señor porque son muchos los hombres y mujeres que viven entregados a los pobres y a los excluidos y que comparten con ellos; personas de todas las edades y condiciones sociales que practican la acogida y se comprometen junto a aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y sufrimiento. […] El Libro de Tobías nos enseña cómo actuar de forma concreta con y por los pobres. Es una cuestión de justicia que nos compromete a todos a buscarnos y encontrarnos recíprocamente, para favorecer la armonía necesaria, de modo que una comunidad pueda identificarse como tal. Por tanto, el interés por los pobres no se agota en limosnas apresuradas; exige restablecer las justas relaciones interpersonales que han sido afectadas por la pobreza. De ese modo, “no apartar el rostro del pobre” conduce a obtener los beneficios de la misericordia, de la caridad que da sentido y valor a toda la vida cristiana.
Nuestra atención hacia los pobres siempre está marcada por el realismo evangélico. Lo que se comparte
debe responder a las necesidades concretas de los demás, no se trata de liberarse de lo superfluo. También en esto es necesario el discernimiento, bajo la guía del Espíritu Santo, para reconocer las verdaderas exigencias de los hermanos y no nuestras propias aspiraciones. Lo que de seguro necesitan con mayor urgencia es nuestra humanidad, nuestro corazón abierto al amor. No lo olvidemos: “Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos” (EG 198). La fe nos enseña que cada uno de los pobres es hijo de Dios y que en él o en ella está presente Cristo: “Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40)».
Quiero recordar que el próximo fin de semana tendremos nuestra peregrinación diocesana al Santuario de Loreto. Durante estos años fuimos profundizando la importancia de nuestra historia de las misiones y de tantos varones y mujeres que vivieron esa inédita experiencia de evangelización y humanización.

Les envío un saludo cercano y ¡nos vemos en Loreto!
Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas

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