La presión por “hacer algo con IA” se volvió transversal a todas las industrias. Pero el riesgo no es quedarse afuera: es invertir mal, sumar herramientas sin rumbo y terminar pagando por experimentos que no impactan el negocio.

La Inteligencia Artificial (IA) dejó de ser un proyecto del área de sistemas para convertirse en una cuestión de supervivencia corporativa.

 Según el último relevamiento global de Boston Consulting Group, casi tres de cada cuatro CEOs ya se consideran el principal decisor en materia de IA dentro de sus compañías, el doble que hace un año. Además, la mitad cree que su puesto podría estar en riesgo si las inversiones en esta tecnología no generan retorno.

Para Juan Ignacio Fernandes, Technology Practices Director para Argentina, Paraguay y Uruguay en Logicalis, el principal peligro no es quedarse afuera de la ola, es subirse sin rumbo. “Una de las primeras conversaciones que tenemos con muchos de  nuestros clientes es para controlar la ansiedad, ya que no se trata de implementar IA simplemente por hacerlo”, advierte.

Con las empresas proyectando duplicar el presupuesto destinado a IA en 2026, la discusión ya no es si invertir, sino cómo hacerlo sin desperdiciar recursos, un desafío que atraviesa también a las compañías del Cono Sur. El problema es que, en muchos casos, la adopción todavía está en una fase incipiente.

La pregunta que ordena todo: “¿Para qué?”

Desde su experiencia regional, trabajando con compañías de múltiples industrias, Fernandes detecta un patrón transversal: más allá del sector, los dolores empresariales se repiten. Ingresos. Eficiencia. Riesgos. Uso de activos. Experiencia del cliente. “La inteligencia artificial solo tiene sentido si ataca alguno de esos cinco frentes”, sostiene.

En ese contexto, el ‘¿para qué?’ puede parecer obvio, pero es la pregunta que menos se formula. “Cuando nos hablan de inteligencia artificial, lo primero que preguntamos es: ‘¿cuál es el objetivo o problema que esperan resolver?”, explica Fernandes. Esa respuesta, dice, define el rumbo del proyecto.

El desafío no es menor en el contexto argentino. De acuerdo con Bain & Company, el 78% de las empresas del país todavía no cuenta con personal con experiencia en inteligencia artificial o con los recursos internos necesarios para desarrollar este tipo de proyectos. Por lo tanto, utilizarlos correctamente se vuelve una prioridad para las organizaciones.

No todo lo que brilla es IA

Otro de los errores frecuentes es conceptual. Muchas soluciones etiquetadas como inteligencia artificial son, en realidad, automatización avanzada o machine learning aplicado. “Hay muchísimo que hoy se llama inteligencia artificial y no necesariamente lo es”, señala el experto de Logicalis. Y agrega: “En algunos casos nos encontramos ante clientes que  ya cuentan con una tecnología avanzada necesaria y solo debe integrarla mejor”.

La situación se replica en buena parte del sector privado argentino, donde la adopción todavía está en etapas tempranas. El Monitor Nacional de Inteligencia Artificial 2025 pone cifras a esta situación: más de dos tercios de los encuestados declara que su organización nunca intentó implementar IA o que abandonó los proyectos antes de consolidarlos y, entre quienes atravesaron experiencias fallidas, la razón más mencionada fue la mala integración con los sistemas existentes.

 

El verdadero diferencial: Las personas

 

Si hay una convicción fuerte en el análisis de Fernandes es que la primera inversión inteligente no es sólo tecnológica. “Para mí, la primera inversión es en la gente”, afirma. “Si no se invierte en capacitación de los equipos de trabajo, si no les damos tiempo para investigar, y no brindamos licencias para que prueben, muy probablemente se van perder beneficios”.

En la Argentina, además, el debate se mezcla con otras variables como la incertidumbre laboral que genera la tecnología. Según el informe PwC Hopes & Fears 2025,   seis de cada diez empleados argentinos (62%) temen perder su trabajo en el corto plazo por el avance de la inteligencia artificial. Sin embargo, entre quienes utilizan IA en su trabajo de manera cotidiana, el 71% reporta mejoras en productividad y el 54% asegura sentirse más seguro laboralmente, lo que evidencia el potencial de la tecnología cuando se implementa con propósito.

En un mercado con escasez de talento especializado, la reconversión se vuelve clave. “Los que entendieron el cambio y se transformaron fueron los mejores especialistas después”, recuerda. Y afirma que con la inteligencia artificial ocurrirá lo mismo. Algunos roles se redefinirán. Otros se potenciarán. Pero el diferencial competitivo estará en quienes entiendan el concepto y lo alineen con el negocio.


 

Créditos.- Gabriela Fabrizio - http://agencia-vox.com/